lunes, 13 de marzo de 2017

Buscando la relación entre los toros y el sexo



Aunque las comparaciones suelen ser odiosas, aquí en España tenemos la costumbre de hablar de toros y hombres en la misma frase, usando a los primeros para medir la potencia del segundo, en más de un sentido. Es fácil oír el dicho "está como un toro", refiriéndose a la salud de alguien; y también "es un toro en la cama", esta vez hablando de su potencia sexual, y refiriéndonos a hombres, por supuesto.

Porque por supuesto un hombre no es lo bastante hombre si no es como un toro en la cama, ¿o no? Pero, ¿por qué esa analogía entre un toro y la potencia sexual del género masculino? No es una cuestión de especie, desde luego, ya que en ningún lado está escrito que los ejemplares masculinos de la especia bovina sea especialmente habilidoso a la hora de la reproducción, ni aguante más a dos patas, si sea capaz de preñar a un número de hembras elevado en una misma jornada. De hecho, las dos características que destacan en un toro es su nobleza y su bravura, que en principio nada tienen que ver con el sexo, ¿o no?

Cuando en un astado hablamos de nobleza, quiere decir que va de frente, sin subterfugios, y que te mira a los ojos para acercarse a ti sin trucos de ninguna clase. ¿Acaso eso mismo puede achacarse a los hombres? Bueno, alguno habrá, por supuesto, pero en general, hacen lo que sea para echar un polvo, o al menos esa ha sido mi experiencia, que pronto os contaré. Y cuando hablamos de bravura, que no se achanta ante nada y tira para adelante con todas sus fuerzas, bueno, es cuestión de opiniones si a la hora del sexo ese es una virtud o no, ya que más valdría adaptarse a cada pareja en su justa medida (aunque esto sirva tanto para hombres como para mujeres).

Sin embargo, hay un momento en que a un hombre no le gusta para nada que lo comparen con un toro, y es cuando se convierte en un cornudo gracias a las infidelidades de su mujer. En ese momento la analogía es un insulto, y es que al parecer su origen está en la antigüedad, donde muchos personajes mitológicos eran infieles tomando la forma de un animal con cuernos, sin olvidar las astas que también luce la figura que encarna el mal absoluto en la iconografía cristiana, el demonio.

En fin, que el animal que se ha convertido en nuestro símbolo de identidad frente al mundo puede ser para el hombre tanto una inspiración como una maldición, y sólo cada uno en su mano tiene el poder de cambiar esta percepción en los demás.